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Todos los Hombres del rey

El poder corrompe. Esta idea fundamentel sustenta la historia de Todos los hombres del rey , tanto en el caso de la novela homónima como el de la película que mañana se estrena. Se trata de una premisa que siempre ha estado y estará de actualidad y sin embargo, no podemos dejar de cuestionarnos la necesidad de revisar una obra que en 1949 ya ganaba tres estatuillas de Hollywood a mejor película, mejor actor (Broderick Crawford) y mejor actriz (Mercedes McCambridge). Más aún en el caso de un filme como este, una versión que no aporta demasiados cambios al original.

La narración se nos presenta a través de la mirada de Jack Burden (con la impecable voz de Jude Law , tan reguapo como siempre), un periodista de familia acomodada que se siente fascinado por la personalidad de Willie Stark, socialmente antagónico a él. Desde un pequeño pueblo de Louisiana y durante la gran depresión de finales de los años 20, este particular y en principio involuntario político consigue llegar al gobierno del estado, en una escalada de degradación moral que salpica a los que le rodean. Todo ello aderezado con los problemas (algunos amorosos) que surgen entre los personajes a lo largo del film.

La tercera película de Steven Zaillan , que ya dirigiera hace años En busca de Bobby Fischer y Acción civil , y que en esta ocasión dirige, produce y firma el guión, se limita a rehacer la versión de El político del realizador Robert Rossen . De hecho, secuencias como la ascensión de Stark al poder, encadenando imágenes de sus mítines a lo largo del estado, resultan calcos -de muy buena factura, eso sí- del original. Estas secuencias y alguna más relativas al pasado de Winslet, Law y Ruffalo, se repiten en más de dos ocasiones a lo largo de los interminables 140 minutos que dura la cinta. Insiste en ciertos detalles con tanta obviedad que uno no sabe si interpretarlo como un inocentón lucimiento de la labor de los protagonistas o directamente como un insulto a la inteligencia del espectador.

Y es que no podíamos dejar de comentar aquí el ridículo trabajo de Sean Penn , que elabora un personaje más que histriónico, por medio de aspavientos innecesarios y un marcado acento sureño, todo ello exagerado hasta el límite en las arengas políticas, que más que una petición de voto para el carácter de Stark, parecen un ruego en pos del Oscar para Penn. El resto del reparto no deja de estar correcto, desde los bellísimos Jude Law y Kate Winslet hasta el mafioso por excelencia de nuestros tiempos: James Gandolfini , que no sale de su cliché. Un Mark Ruffalo al que no se le saca demasiado partido, el veterano Anthony Hopkins , y la siempre precisa Patricia Clarkson (a la que es un placer contemplarla en cualquier producción) en el papel que ya le diera el Oscar a Mercedes McCambridge en el 49, completan un -a priori- espectacular elenco que se queda en simple figuración.

Una pena, porque con estos actores (excepto el protagonista...) y esta historia se podía haber contruido una interpretación diferente de la clásica novela con la que Robert Penn Warren accedió a un premio Pulitzer. Pero Todos los hombres del rey deja tras de sí una realización ampulosa en exceso, remarcada por una banda sonora del omnipresente James Horner doblemente grandilocuente y reiterativa, de modo que a mitad del metraje ya no nos preocupan los conflictos que parecen surgir constantemente entre los personajes, ni las idas y venidas en el tiempo de la narración, tan solo nos queda pensar: ¿cuándo se callará Sean Penn? En definitiva: una película aceptable para los muy aficionados a este tipo de cine, pero personalmente considero que quien haya visto El político , se puede ahorrar esta versión.

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