El trágico amor de Kate Winslet
 
1998
 
 
 
 
Gracias a Medium por los Scans
 

Kate lo amó y lo amará siempre. Pasará el tiempo, pasarán amores y pasiones. Pero en su vida, Stephen, su primer y más intenso amor, siempre será la otra mitad de su alma. Él murió y ella se quedó sola, pero sabe que ‘siempre será mi ángel de la guarda, el amor increíble de mi vida’. Ésta es su historia, una historia de pasión, de dolor, de caricias y de lágrimas.

‘Él siempre será la otra mitad de mi alma’. Cuando pronuncia estas palabras, Kate mira al cielo y sus ojos se humedecen. Es su promesa de amor eterno. Una promesa para siempre, porque a pesar de la muerte y el dolor, nunca podrá olvidar los años, los mejores años de su vida, al lado de un hombre que la amó con un amor dulce, tierno y coloreado de auténtica pasión.

Una chica, un sueño

Ella tenía quince años y empezaba ilusionada sus clases de teatro. Su sueño: ser actriz. A pesar de las burlas de sus compañeros de clase, Kate lo consiguió más rápido que ellos, porque al año siguiente en 1991, la contrataron para actuar en la serie de televisión, ‘Dark Season’. Y en el plató su mirada se cruzó con la de un actor un poco mayor que ella. Stephen Trede tenía 27 años y los ojos más increíblemente dulces que ella había visto nunca. Kate siempre había sido una chica alegre, llena de fuerza, con un montón de sueños por cumplir y un deseo palpitando junto a su corazón: amar y ser amada  como amaban y eran amadas las protagonistas de sus películas favoritas. Pero a veces, sola en la habitación, miraba su cuerpo y veía un pecho enorme, sus caderas redondas, sus piernas excesivas. Veía las burlas de sus compañeros de clase. Ella siempre había sido la gorda del colegio, de las clases de arte dramático, del barrio. Una chica rellenita, como decía su madre. Una chica gorda como decían los que se burlaban de ella. Y se preguntaba: ¿Lo conseguiré? Pero era fuerte y alegre. Se pellizcaba el trasero y sonreía. ‘Por supuesto. Yo soy una gran actriz y una chica especial’. Y lo consiguió: Kate conquistó a todo el mundo en el plató y las bromas y las burlas se esfumaron. La cámara grababa su cara y su cuerpo con mimo. ¡Estaba radiante en cada plano! Los compañeros de rodaje se quedaron prendados de su simpatía, de su dulzura de ¡lo guapa que era! Por dentro y por fuera. ‘Porque cuando estás segura de ti misma no importan los kilos. Hay gente de constitución flaca y gente que es de constitución robusta. Yo soy así y no voy a cambiar. Siempre acabo rodeada de mis curvas y de mis kilos. ¿Y qué?’.

Y quien más la quiso fue Stephen. A él lo miraba con unos ojos llenos de amor que lo dejaron aturdido. Sólo veía la fuerza de su corazón. Y así sus almas se convirtieron en una sola para siempre ‘Estaba conmigo siempre. Incluso cuando estaba gorda nunca me pidió que perdiera peso’ cuenta Kate. Stephen la amaba así, por lo que era, por ella misma, por sus enormes ojos y su apasionado corazón. Y es que ése es el amor verdadero, el que no se acaba con una sola noche. Kate y Stephen se amaban después de haberse amado cada noche, cada día.

Morir por dentro

Vivieron juntos durante más de cinco años. Lloraron juntos los fracasos, rieron los triunfos, brindaron por el futuro y por la buena estrella que los unía. Pero un destino cruel y macabro los esperaba a la vuelta de la esquina. Hace unos dos años Stephen empezó  encontrarse mal. Estaba débil, el dolor se apoderaba de su cabeza y de sus manos. No podía acariciarla, ya no la besaba con besos apretados, ni siquiera con besos dulces. No podía. Se moría por dentro al no poder responder a su amor. Se moría por dentro porque un cáncer despiadado se había colado en su cuerpo y se iba tragando sus fuerzas. Kate no podía verlo así. Lloraba a escondidas, cuando nadie la veía, cuando escapaba de los ojos tristes de Stephen. Aquella mirada apasionada y tierna que la había llegado de amor se apagaba, se tendía inexorablemente ante la muerte. Pero Kate decidió no hacerlo. Estuvo a su lado noche y día. Sufrió su dolor, lloró sus lágrimas. Hasta que un día Stephen la apartó de su lado. No quería que fuera testigo de su caída, no quería verla cada día mientras su vida se consumía. Kate abandonó el que había sido su hogar, pero cada paso que daba se convertía en una dolorosa puñalada del destino. ‘Anduve perdida durante algunos días. No sabía que hacer. Hasta que decidí que ni siquiera la muerte podría apartarme de Stephen. Volví a casa y hablé con él. Si era su deseo no lo acompañaría a las sesiones de quimioterapia, pero estaría junto a él cuando acabaran’. Siempre que podía cogía un avión para volar a Londres. Un día mientras lo miraba dormir, ‘supe que no nos quedaba mucho tiempo. ¿Meses? ¿Semanas? ¿Días? No lo sabía, pero estaba segura de que Stephen siempre estaría a mi lado. Ahora sé que no me equivocaba. Él es mi ángel de la guarda y me protege’. Y aunque Kate vuelva a amar, sabe que nunca sentirá lo que sintió. Tendrá amores, pasiones. Sentirá escalofríos cuando una caricia recorra su cuerpo. Pero nunca, por mucho tiempo que pase, su corazón se abrirá para sentir la intensidad de los momentos únicos que pasó junto a Stephen.

Dos se convierten en uno

Después de casi diez años de trabajo, Kate se convirtió en una estrella casi de la noche a la mañana. Entrevistas, fotos, programas de televisión, ofertas, amigos salidos de no se sabe dónde. Había entrado en un mundo hasta entonces desconocido para ella. Su interpretación de Rose en ‘Titanic’ dejó al mundo alucinado. ¡Qué gran actriz habían descubierto! ‘¿Dónde ha estado metida todo este tiempo?’, preguntó un productor de Hollywood. Si, Kate demostró que es una actriz genial. Pero lo que pocos sabían era que cuando rodaba ‘Titanic’ y sus ojos lloraban por Jack, también lloraban por Stephen que estaba saboreando sus últimos sorbos de vida…

‘Stephen será para siempre el increíble amor de mi vida’, ha dicho Kate. Igual que Rose, Kate confió ciegamente en Stephen, voló con él sujetándole la cinturas, lo amó hasta el infinito, sintió su aliento, su olor, su corazón latiendo hasta lo más profundo de su ser. Como Rose. Y también lo veía sufrir, apagarse, quedarse como dormido esperando la muerte. Como Rose.

Cuando se estrenó ‘Titanic’ en Hollywood y todas las estrellas se reunieron para disfrutar del momento, Kate estaba en Londres. Todos reían en Los Ángeles. Kate lloraba junto al cuerpo muerto de su amor. Rose lloraba en la pantalla por Jack. Pero al igual que las almas de jack y Rose, las almas de Kate y Stephen seguirán siempre juntas. Porque son una sola, porque se han unido con la fuerza más intensa la del amor que dura más allá de la muerte.

Texto: Pepa Garrido

Revista: Super Pop

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