La película ‘Titanic’ ha batido todos lo récords de recaudación en taquilla al superar los 150.000 millones de pesetas y ha convertido a esta actriz británica, que nunca ha estudiado interpretación, en la nueva reina del cine romántico.
Texto: Oliver O’Neal
Fotografía: Rankin
Fuente: El Semanal (22 Marzo)
La estrella de las películas Criaturas Celestiales de 1994, Sentido y Sensibilidad de 1995 (por la cual fue nominada al Oscar a mejor actriz secundaria), Jude y Hamlet de 1996, se perdió el estreno mundial de Titanic por una disentería amebiana, que le obligó a estar tres días internada en un hospital. Posteriormente tampoco pudo ir al estreno en América porque su ex novio, el actor y guionista Stephen Trendre, murió a los 34 años de un cáncer de huesos, el pasado 8 de diciembre.
Ahora, después de que la película de James Cameron haya barrido en los Globos de Oro, empieza a asumir el éxito. Esta joven de 22 años, brillante y moderna, rezuma energía por todos sus poros, mientras habla de su vida y su carrera.
Usted no fue a ninguno de los estrenos de ‘Titanic’ ¿Cuándo pudo finalmente verla?
Hasta este año no pude verla. Fue el otro día, en Nueva York. Me deslicé hasta la última fila de un cine, y todo salió fatal. Bebí demasiada coca-cola y nada más empezar la película tuve que ir al baño. Al levantarme de mi asiento y volverme a sentar molesté a la señora que tenía delante: se volvió y me dirigió una mirada asesina.
¿La reconoció?
No, nadie me reconoció. No suelen reconocerme.
Perder a Stephen Trendre ha debido ser una experiencia muy penosa.
Nos conocimos en 1991, cuando hicimos Dark Season (una comedia de la BBC) y estuvimos juntos durante cuatro años y medio. Él era la otra mitad de mi alma, y aunque nos separamos hace dos años, seguíamos siendo muy buenos amigos. Hablábamos por teléfono todos los días.
¿Se siente deprimida?
Le echo muchísimo de menos. Era un ser humano lleno de una energía contagiosa; me ha hecho entrar en el año 1998 con un extraordinario entusiasmo. Siento como si yo llevara a bordo toda la fuerza que él me dio y procuro vivir cada momento de mi vida como él lo hacía. Perder a Stephen me ha abierto los ojos. Me ha hecho darme cuenta de que fama y fortuna son estupendas, pero perder a un ser querido puede hacer pedazos aún los sueños más brillantes.
¿Tiene algún proyecto inmediato?
No, espero no trabajar hasta el verano. El éxito de ‘Titanic’ ha hecho que me lleguen más trabajos. Ésa es la única diferencia después de todo este éxito.
¿Qué razones le empujaron a hacer ‘Titanic’?
El guión me hizo llorar. Describe casi a la perfección lo que pienso sobre el amor. Para mí el amor es estar con una persona con quien eres completamente tú, pero que a la vez te ayuda a averiguar quién eres como ser humano.
¿Entonces usted no la veía como una película de acción?
No, para nada, es una extraordinaria historia de amor.
¿Le gusta estar enamorada?
Es duro estar enamorada. Yo me siento al teléfono horas y horas durante varios días, hasta que me digo: "Vamos, niña. Hay más cosas en la vida que esta memez"
¿Le gustó trabajar con Leonardo DiCaprio?
Leo es divertidísimo. En el plató, nos comportábamos como niños traviesos para no deprimirnos, porque fue un rodaje largo y agotador. No teníamos más remedio que hacer eso. Eso sí, nos lo pasábamos estupendamente.
¿Cómo le valora como actor?
Es uno de los mejores de su generación. Hay pocos actores que tengan un verdadero don de Dios y que no podrían ser malos aunque lo intentaran. Él es uno de ellos.
¿Se enamoraron durante el rodaje?
No, éramos como hermanos. Nunca hubo ningún flirteo. Yo creía que podría enamorarme de él, pero eso no ocurrió. Cuando le conocí, pensé "Qué chico más estupendo"
¿Y qué sintió al besarle?
Nos tomábamos el pelo mutuamente, llamándonos cosas desagradables y comentando lo mal que nos olía el aliento.
En la película hay una fogosa escena en un coche.
Para entonces nos conocíamos tan bien que hacer una escena con Leo desnudos no me preocupaba. Estaba tan cómoda como si estuviera con alguien de mi familia. Bueno, en realidad no estaba tan cómoda, porque hacía muchísimo calor. Cuando rodábamos, nuestras piernas se hicieron un nudo y yo sentí que me dislocaba la espalda; el ángulo era muy forzado. Y Leo me aplastaba un brazo que se me había quedado dormido. Fue tremendo.
El rodaje de ‘Titanic’ duró siete meses. ¿Qué fue lo más difícil?
Bueno, fue físicamente agotador, y Leo y yo nos recordábamos continuamente que debíamos concentrarnos en la historia de amor, para hacer que tuviera una coherencia en medio de todos esos efectos especiales.
¿Qué hacía cuando tenía ganas de ir al baño?
Cuando tienes que ir, tienes que ir. La primera vez, Leo me susurró: "Tengo que hacer pis" Así que se alejó nadando y lo hizo en el agua. No podíamos perder tanto tiempo en salir del tanque y desvestirnos. Yo hacía lo mismo, y Leo se ponía a cantar para que nadie se diera cuenta.
¿Le daba miedo rodar las escenas en las que el barco estaba inclinado a un ángulo de 90 grados?
Estaba tremendamente alto y aunque Leo y yo teníamos arneses de seguridad y no había ningún peligro yo estaba aterrada. No hacía más que pensar, "Dios mío, sostenlo un minuto más para que podamos hacer otra toma".
La escena del hundimiento es de un tremendo patetismo.
Fue difícil de rodar. Era la última escena que teníamos juntos y fueron necesarias muchas tomas. Ese día yo cumplía 21 años, y estaba toda mojada y temblorosa cuando le dije a Leo: "Es mi cumpleaños". Él me contestó, temblando, "Es estupendo pero, francamente, ahora me importa un pito".
Salvada por la campana |
|
Antonio Albert
Pase lo que pase en la noche del 23 de Marzo, esta joven inglesa ha entrado en la leyenda a bordo del Titanic. Rescatada de las aguas del cine de autor, ha llegado a los Oscar soltando un lastre que nadie comprende cómo ha podido hundirse en el olvido: ni Leonardo DiCaprio ni Kathy Bates aparecen entre las 14 candidaturas de la película del año. Actriz en la más pura tradición Shakespeariana, ya rozó la dorada piel de la estatuilla por Sentido y Sensibilidad, precisamente dos rasgos que parecen presentes en el rostro y la mirada de esta mujer aniñada, de esta niña moldeada como una mujer por directores como Kenneth Branagh, Ang Lee y el neozelandés Peter Jackson, que la fichó para Criaturas Celestiales cuando en un principio había pensado en Diana Peñalver. Kate Winslet, como Michelle Pfeiffer, sabe cristalizar las lágrimas en unos ojos que destilan deseo, inocencia o venganza, una virtud que parece encandilar a los más veteranos miembros de la Academia. Su Rosa, no precisamente tatuada, incipiente ninfa de primera clase, ha emprendido un viaje hacia la fama que ni siquiera un iceberg puede frenar. |
|
| |
|
¿Fue tan difícil trabajar con James Cameron?
Es un director maravilloso, pero el rodaje fue un suplicio. Cogí la gripe y no paraba de tiritar por estar tantas horas sumergida en aguas heladas. Una vez, cuando Leo y yo teníamos detrás una poderosa ola, casi me ahogo. Había una puerta que nos taponaba el paso. Cuando conseguimos abrirla, mi abrigo se enganchó en la puerta, sumergiéndome bajo el agua que subía más y más. Tuve que hacer un curioso baile para librarme del abrigo. Creí que iba a reventar. Pero soy una masoquista sin remedio. Me gusta trabajar hasta caer rendida. Es más, no siento realmente que he hecho mi trabajo si no acabo sintiendo que he sufrido.
¿A qué edad empezó a actuar?
Empecé cuando tenía un día de edad. Siempre quise actuar. Mi padre era actor; mis dos hermanas, mi tío y mi abuelo también. Estábamos todos como regaderas. Mis abuelos eran los dueños del Repertory Theatre de Reading. De manera que crecí en un ambiente teatral.
Paso su infancia en Reading, en Inglaterra
Si, estaba a unas 40 millas de Londres. Éramos cuatro hermanos y fue una infancia idílica. Mi madre era niñera y siempre había niños gritando y corriendo por casa. Así que me encantan los niños y sé como tratarlos.
¿Ha pensado en tener hijos?
He sido muy maternal desde que tenía 12 años, pero las ideas, las emociones y los sentimientos cambian a medida que te haces mayor. Ahora soy demasiado imprevisible. Pero desde que tenía 17 años quería tener niños. Y quiero tenerlos joven porque así tendré recientes mis experiencias de juventud y podré compartirlas con mis hijos. Creo que contribuye a crear una relación sólida. Cuando tienes hijos joven la relación es más de amistad que una estricta relación padre/hijo. Luego, cuando tenga 45 años, mi hijo tendrá 20, y se independizará y yo también me independizaré y me lo pasaré en grande otra vez. Es una idea estupenda.
Gracias a Víctor que por vía email nos ha facilitado las fotos escaneadas. |
|