Lejos de lo Ordinario
Con su aspecto de ‘Rosa Inglesa’ y un humor muy terrenal, Kate Winslet insiste en que es ‘normal’. Aunque, con Hollywood rendido a sus pies, seguramente será todo menos eso. Alex Blimes se encarga de descubrir la verdad. Fotografías por Regan Cameron
En una atemporal y sofocante tarde de octubre, en el clemente frescor de la oscuridad de un estudio de sonido en el famosos edificio ‘Brill Building’ de Manhattan, Kate Winslet permanece de pie tras un atril de madera, haciendo sutiles notas en los márgenes de tres hojas de papel. Así como a diez pies de ella, proyectada en una pantalla de cine de tamaño medio, se encuentra un plano de la cara del cómico Jack Black, con una expresión fría. Winslet está a punto de comenzar a grabar la voz que será utilizada sobre los créditos del comienzo de ‘The Holiday’, una comedia romántica de Columbia Pictures, en la que participa junto con Jack Black, Cameron Diaz y Jude Law.
Además de mí, la única audiencia de Winslet son dos ingenieros de sonido. A través de nuestros cascos, podemos oír y hablar con la directora y guionista de la película, Nancy Meyers, y su editor, Joe Hutshing. Ellos están en Los Ángeles, a tres horas y más de 2000 millas. Una reproducción en directo les permite ver las mismas imágenes y escuchar el mismo sonido que nosotros.
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Vestido: Rossella Tarabini |
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Vestido: Alberta Ferretti |
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Vestido: Ralph Lauren |
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Lo que ninguno de ellos puede apreciar es lo guapa que está iluminada. Desde donde estoy sentado, la lámpara que alumbra las páginas de su guión reflejan un aura dorada en su cara. Su mentón elevado hacia un micrófono mientras se prepara para otra lectura de las mismas líneas que ha estado recitando desde hace una hora o más. Parece serena y preparada, pero también bastante emocionada. Claramente está disfrutando.
Los garabatos que anota para sí misma son directos y concisos: “Con intensidad,” escribe al lado de una frase; “NO!” al lado de otra. Otras de las autoinstrucciones dicen “Demasiado énfasis,” “Más dolida,” “Joder” y “Demasiado nostálgico.”
Hay una cita de Shakespeare justo al comienzo de la película – es una de las primeras cosas que el público oirá – y tanto Winslet como Nancy Meyer están preocupadas de que, como la estrella apunta: “Suena como con demasiada intensidad, un poco excesiva.” “¿Podemos repetirla?” pregunta. No sería la primera vez. Después “¿Hacemos otra por si acaso?.” Y de nuevo “Esta ha sido penosa. ¿Podemos repetirla?.”
Winslet se ha quitado sus grandes zapatos y se ha hecho una coleta. Lleva un top verde ceñido y unos vaqueros negros de Rag & Bone. Es una actriz muy física, incluso en esto no olvida ni un simple movimiento de su cuerpo. Cuando recita una línea y ésta es de su agrado realiza un silencioso movimiento a lo Karate kick y golpea el aire. Cuando se siente frustrada, se agacha y finge caer derrotada al suelo.
Hay también una ligera disputa que aparece cuando Meyers y su estrella debaten sobre una línea que la actriz decide que quiere eliminar. No hay discusión, ni nada que se le parezca, cada una expone su punto de vista, y Meyers finalmente decide eliminarla. El personaje de Winslet no tendrá que salir por la ventana de un taxi en Los Ángeles y exclamar “¡Fíjate en esas flores!.”
Durante uno de los descansos que se toma Meyers, Winslet se quita los auriculares y los dos nos sentamos juntos en un sofá en la parte trasera del estudio, fumando. Ella misma lía su cigarrillo, pero promete dejarlo. “¿Parezco la misma persona aquí fuera que dentro?” me pregunta. Parece interesada en saber la respuesta, como si le fuese la vida en ello. “Si”, le respondo, porque lo parecía, “pareces exactamente la misma”. “Ya me lo imaginaba.”
Lo destacable de Kate Winslet, dentro y fuera del negocio del cine, es que a pesar de su gran fama, su riqueza, su considerable belleza, su celestial matrimonio con Sam Mendes, su estatus de ‘poderoso modelo para las jóvenes mujeres’ como lo definen los americanos y su innegable talento, consigue ser ‘normal’ y mantener ‘los pies en el suelo’.
Mi día con ella no empezó cara a cara. Fue en la situación un tanto más familiar – al menos para mí – de observador de pantallas. La vi en ‘Live with Regis and Kelly’ – el gran magazine americano de las mañanas. Winslet estaba promocionando su película “Little Children” [Juegos Secretos] y estuvo, creo, muy graciosa, mientras Kelly hizo su segundo y – para mis oídos - penoso intento de imitar su acento. Winslet salió del paso como una buena deportista, aunque creo que pude percibir pequeñas muestras de desagrado. Y estaba glamurosa, elegante, incluso un poco severa, es sus ceñidos vaqueros, chaqueta negra y botas de tacón, con su pelo hacia atrás.
Cuando me encontré con ella, sobre una hora más tarde, en una suite del hotel ‘Park Avenue’ estaba sacándose las fotografías para Los Angeles Times, la transformación de la ‘casual’ Winslet había comenzado. Se quejaba de que llevaba demasiado maquillaje – “Siento como que casi no me podéis ver” – refiriéndose a mí y a su publicista. Tras una introductoria charla sobre su equipo de fútbol local, Reading FC, se prepara para las fotografías deshaciéndose de las pegatinas que el fotógrafo había utilizado, una en cada pezón: ‘expuesta’ ahora inscrito en cada pecho. “Bueno” dice ella “no es nada que no hayáis visto ya.”
Esta es la Kate Winslet que esperábamos: una chica natural y sin pretensiones, transportada inesperadamente a la cumbre de Hollywood. Fresca, encantadora, quizás un poco ‘actriz’ e intensa pero todo esto considerado como halagos. Cuando le pregunto durante la entrevista si ella es tan normal como la gente piensa, responde que si. Lo es, lo reconoce, su imagen pública es una fiel representación de su vida privada, lo que resulta extraño en alguien tan conocido. “¿Suena a que me estoy dando palmaditas en la espalda?” se pregunta.
Le comento que tiene suerte porque mucha de la gente famosa que he conocido eran realmente normales, pero eso no se reflejaba en la prensa o la televisión, donde aparecían como tontos egocéntricos. “En general soy muy afortunada” dice “Por supuesto, he tenido que enfrentarme a situaciones difíciles, cuando tenía veinte años o así. Pero el truco está en no cambiar a causa de lo que alguien desconocido piense.” Se refiere a las dificultades de los veinte, pero en estos momentos está orgullosa del hecho de que las mujeres jóvenes tengan a un modelo que les anima a no rendirse a las tendencias estéticas contemporáneas o actuar de la forma que lleva a Lindsay Lohan a ser portada de las revistas semanales. “Pude ser que sea la única persona que esté tocando el tambor de ‘la vida normal’” dice “pero me temo que lo seguiré haciendo.” No es que no tenga que luchar por mantener su equilibrio, dice. Salvo que en la mayoría de las ocasiones, ella gana.
Winslet se levantó a las 5.30 esta mañana, hizo el almuerzo para los niños – Mia, que ya ha cumplido los seis, y Joe, que tiene tres - luego les ha sacado la ropa para que su marido se la pusiera mientras ella se peinaba y maquillaba. Trabajará todo el día y cuando la dejo sobre las seis de la tarde en su apartamento, piensa en lo que les cocinará para cenar.
De todas formas “normal” es una palabra engañosa. Por cada persona normal hay otra extraordinaria. Y si entendemos “normal” como “habitual” o “común”, entonces diría, a pesar de sus protestas, que Kate Winslet no es del todo “normal.” Lo que no quiere decir que sea rara, o una mentirosa; simplemente que es excepcional. Claramente no hay nada “normal” en su talento. Todd Field, que la ha dirigido recientemente en Little Children, me cuenta: “No hay nada normal en ella. Es rara, es amable y peculiar. Cuando la gente dice que es normal se refieren a que no hace excentricidades para intentar promocionar sus películas en las revistas o en la televisión. Lo más interesante es lo que ella es – tiene sus pies en el suelo y su cabeza sobre los hombros.”
Jude Law, quien protagoniza “The Holiday” y con el que ha coincidido también en “Todos los Hombres del Rey” define la habilidad de Winslet como “extraordinaria”. Me dice, “Se lo toma todo muy en serio aunque permanece calmada y relajada. No es de las que pretenden transmitir lo difícil que es interpretar determinadas escenas. Cuando está en pantalla, su interpretación es fluida y natural y ella intenta que sea lo más real posible.”
Su vida tampoco es normal. Es vigilada, seguida e incluso idolatrada. Están fuera del hotel en estos momentos - los paparazzi y los cazadores de autógrafos – y cuando salimos sus llantos comienzan inmediatamente: “¡Kate, Kate!.” Cuando nos aproximamos al coche me dice “Continúa caminando.” De algún lugar, alguien nos pone una cámara en la cara y me siento de repente protector. “Entra,” me dice abriendo la puerta del coche. “Entra tu” le digo, dudando, intentando ser caballeroso. “Tranquilo entra,” me contesta con más determinación. Cuando lo hago se da la vuelta y permite al fotógrafo sacar su retrato y firma su nombre a los chicos que habían estado esperando por ella desde su aparición en televisión cinco horas antes. ¿Es esto normal? Lo es en su vida.
Kate Winslet dice que recuerda perfectamente la primera vez que se dio cuenta de que quería ser actriz. “Sorprendentemente” dice “tenía cinco años.” La siguiente historia es típica de Winslet, supongo, en la que relata una situación cotidiana con un ferviente sentimiento y una gran frescura y desparpajo. “Estaba sentada en el váter, con mis pies oscilando en el borde, esperando a hacer caca, básicamente. Y escuché a mi madre en la cocina, haciendo las cosas habituales, los cazos haciendo ruido, grifos abiertos y “¡Rog,! [diminutivo de Roger] ¡tus calcetines están en el vertedero!.” Ya sabes, lo habitual en la vida.” Entendió, dice, mientras escuchaba esto, que eso era la interpretación. “Y la moneda cayó,” cuenta. “Interpretar es ser real.”
Winslet proviene de una familia de actores teatrales. Su padre Roger es actor; sus dos hermanas Anna y Beth son actrices; su tío Roger Bridges trabajó mucho tiempo en el West End; y sus abuelos maternos dirigieron el Reading Repertory Theatre. Ella comenzó a actuar en producciones amateur en “The Hexagon”, Reading, cuando tenía nueve años, y consiguió su primer trabajo professional a los 11, bailando con el monstruo de la miel en un anuncio de cereales. Fue a la escuela de teatro Redroofs en Maidenhead; su primera interpretación en pantalla sucedió cuando tenia 15 y “mucho sobrepeso” en el ITV drama titulado “Anglo Saxon Attitudes”. Dos años más tarde viajó a Nueva Zelanda durante tres meses y ella sola para rodar su primera película Heavenly Creatures [Criaturas Celestiales], dirigida por Peter Jackson, relativamente desconocido por aquel entonces.
“Cuando regresé a Inglaterra me sentí como una persona totalmente distinta” dice Winslet. “Por alguna razón nunca había pensado ‘Oh, Dios. Se estrenará y la gente pagará por verla.’ Cuando fuimos con la película al festival de Venecia, fue la primera vez que fui fotografiada y entrevistada. Fue magnífico, pero bastante raro e irreal. ¡Joder, fue muy emocionante! Pero no consiguió modificar mi forma de pensar. No me hizo pensar que me convertiría en esa persona”
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Kate Winslet sobre el matrimonio, la maternidad y el estrellato |
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El año siguiente, en 1995, Winslet participó frente a su mentora Emma Thompson en “Sense and Sensibility” [Sentido y Sensibilidad] dirigida por Ang Lee. Ganó su primer Bafta y la primera de sus cuatro nominaciones a los Oscar, a sus 20 años. Continuó con sus retratos de Sue Bridehead en “Jude” de Michael Winterbottom en 1996 y como la Ofelia en la adaptación que Kenneth Branagh hizo de “Hamlet.” No viene mucho al caso en este momento, pero su belleza resulta un poco clásica, “de época”: grandes ojos, labios rellenos, una nariz con personalidad, sus anchas y oscuras cejas, su pálida y cremosa piel, su figura ligeramente más rellena que las de sus aeróbicas compañeras americanas. Estos rasgos, seguramente, no pasaron desapercibidos a los ojos de James Cameron, que buscaba una actriz joven para interpretar a Rose – la heroína de su blockbuster en producción, “Titanic.”
El triunfo sin precedentes de la película – aún sustenta el récord de mayor recaudación de la historia – fue ciertamente desconcertante. “Fue sobrecogedora” dice sobre la experiencia de ‘Titanic’ “La gente me decía ‘¿Cómo te las arreglas? Tu vida cambiará’ y yo decía ‘Mi vida no cambiará’, me ponía muy a la defensiva en ese tema. Pero lo cierto es que mi vida cambió. Completamente. Mis principios consiguieron mantenerse casi por completo. Pero definitivamente pensé ‘Joder, voy a tener que superar todo esto. Y lo conseguí sola’”
Su decisión más importante, que resultó ser la mejor, fue abandonar temporalmente Hollywood y desaparecer en el desierto norteafricano para rodar la producción británica “Hideous Kinky” en 1998. “Tenía multitud de ofertas con grandes cantidades de dinero, pero no estaba preparada” dice. “Por la razón que fuese, sabía que podía acabar quemándome, y mi deseo es ser actriz durante mucho tiempo”
Su decisión presagiaba la ecléctica carrera que vendría, en la que Winslet se ha ganado la reputación de ser probablemente la actriz mejor dotada de su generación, interpretando una serie de mujeres socialmente aventureras, sexuales, independientes y con ansias de ser libres en películas exigentes y poco convencionales: uno piensa en la descarada lavandera del siglo dieciocho que se relaciona con el Marqués de Sade en “Quills”; su papel como Iris Murdoch – liberada, concienzuda, poseída – en “Iris”; la maravillosa Clementine en “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” [Olvidate de mi]; y su personaje en “Little Children” [Juegos Secretos], acostándose con el vecino mientras su marido trabaja.
Winslet cumplió 31 el día posterior a nuestra entrevista, y dice que el dejar a tras los veinte le ha hecho reflexionar. La década pasada fue dura en muchos sentidos, dice. “Viví mis veinte casi con desesperación. Esos años fueron muy intensos. Creo que estás intentando imaginar que es lo más duro en los veinte. Lo peor para mi fue el estar demasiado expuesta en el ojo público.” Se casó por primera vez a los 23 con Jim Threapleton. Se divorciaron en diciembre de 2001 – un evento que ella describe como “extremadamente triste” – y si la relación desde entonces había sido extremadamente tensa, dice que ahora está “mejor que nunca.”
En 2003 se casó con el prodigiosamente talentoso director Sam Mendes en las indias occidentales. Su hijo Joe nació el siguiente diciembre. Viven entre Nueva York y Cotswolds, donde ella y su marido pasaron el verano. “Estos dos últimos años han sido maravillosos” dice. Y con respecto al segundo Mr. Winslet declara: “Afortunadamente, tengo un marido que literalmente me impresiona todos los días, es jodidamente genial”
Dice que hay posibilidades de que ella y su marido colaboren en una película, “probablemente en los próximos dos años”, aunque en la actualidad no tiene ni idea de que película será. “Es como si hubiera una gran parte de él a la que aún no he tenido acceso. Para se honesta, creo que nos lo pasaremos bien”. Conduciendo por Manhattan, recibe una llamada de Mendes a quien le informa de su día y el de los niños. Pronto caen en los típicos diminutivos comunes en algunas parejas. Ella lo llama Sammy, con un irónico seseo. “Siento que tuvieses que escuchar estas cursilerías” me dice, mientras cuelga. A pesar de esta declaración, Winslet dice que tiene que luchar para salvaguardar la intimidad de su familia, “para poder hacer las cosas que son normales y vitales para mí y las cosa que hacen que los niños sean niños normales” Es una de las razones por las que pasan tanto tiempo en Nueva York. “Me gusta porque no me siento tan observada aquí” dice. “Está relativamente libre de paparazzi si la comparamos con Londres, donde una actividad como dar de comer a los patos se vuelve totalmente anormal por estar intentando que tus hijos no se den cuenta de que hay siete fotógrafos escondidos detrás de un árbol intentando obtener una foto de tu trasero”
Si uno incluye la película de animación “Fushed Away” [Ratónpolis], en la que da voz a la rata Rita, “The Holiday” será la cuarta película de Kate Winslet en llegar a los cines en menos de tres meses. Luminosa pero inexplicablemente poco utilizada en “All the King’s Men”[Todos los Hombres del Rey]. Pero en la excelente “Little Children”, la historia de su personaje domina el film. Otra adaptación, en este caso de la ligeramente histérica sátira de Tom Perrota sobre la conservadora comunidad de New England, ‘Little Children’ enfrenta a Winslet con el papel que considera más exigente hasta la fecha, una adúltera ama de casa y una despreocupada madre.
Es durante la charla sobre su personaje cuando Winslet se decepciona momentáneamente. Sarah es alguien que siente que ha fallado en todo: trabajo, matrimonio, maternidad. Sin estilo, decepcionada, desesperada, pero también egoísta y egocéntrica, es un gran cambio respecto a las mujeres seguras que Winslet ha interpretado siempre. “Me da pena Sarah” dice Winslet. “Y si, hay algunas cosas con las que me identifico. No cosas con respecto a mí pero sí sobre mi pasado, cuando me equivocaba buscando la felicidad. Parte de lo que se le supone a la mujer está en encontrar un hombre con el que establecer una vida. Esto es lo que más le duele a Sarah.”
“¿Podría haber sido yo?” se pregunta. “Bueno, si. Por supuesto. Cuando no eres feliz tomas algunas decisiones terribles y luego te llevas un gran golpe, luego tomas consciencia y te preguntas ‘¿En que estaría yo pensando? A mí me ha pasado’”
Entiende también la excitación que siente su personaje camelando al guapo del vecindario. “Yo era la que nunca conseguía los chicos. Yo era la regordeta a la que nunca la invitaron a bailar en una discoteca y que acabaría con un compañero bailando lentamente con mi falda abultada. Para conseguir estas emociones tuve que rebuscar en partes de mi pasado, en la clase de chica que era…” En este punto mira fijamente a una distancia intermedia. Y luego, muy silenciosamente, comienza a llorar. “Lo siento”, dice, parece inconsolable. “Kate, por favor, no te entristezcas” Dije yo, sintiéndome culpable y lleno de pánico, poniendo una inadecuada mano sobre su rodilla.
“Joder” dice, despojándose de las lágrimas y forzándose a parar. Cuando se recupera un poco, dice, continuando con la explicación, que en la forma de interpretar a Sarah, “Me di cuenta que en algún profundo lugar hay un montón de cosas que aún no he conocido. [Sarah] es alguien muy cercano a mi, muy próximo a mi corazón, a las cosas que no me gustan recordar, o no he querido hacerlo… Eso es lo mejor de ser interprete. Empiezas a entender cosas sobre ti misma que de otra forma quizás no conocerías nunca”
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Texto: Vogue UK
Scans: Fernando
Traducción: katewinslet.es
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¿Ha sido un proceso catártico? ¿Es esto para lo que sirve llorar? No está segura. “Nunca he ido a terapia. Mirando atrás, a los últimos diez años, he sido capaz de explorar todas estas cosas que había enterrado y que algún terapista me habría hecho recordar…” Se recupera. Romper a llorar no es un comportamiento típico, dice. “No soy una desequilibrada emocional y soy capaz de controlarlo. Pero cuando soy libre de no hacerlo como ahora, éstas cosas me vienen al recuerdo. Pero a la hora de actuar, es muy duro. Si lo intentas hacer bien” dice “me hace vulnerable. Cuando eres un actor debes poder enfrentarte a tus sentimientos todos los días. Y eso es agotador. Después tienes que irte a casa y hacer la cena” Sin embargo, ella permanece comprometida con su profesión.
Me cuenta una historia de cuando aún era relativamente nueva en esta profesión., cuando estaba sentada en una sala de ensayos junto con actores muy conocidos: “El director nos preguntó: ‘¿Para quién actuamos?.’ Casi todo el mundo dijo un miembro de su familia o su madre. Y yo me di cuenta de que iba a ser de las últimas en responder, y dije: ‘Siendo honesta, actúo para mí misma’. Todo el mundo dijo ‘Eso es muy valiente’ Pero no lo hago para satisfacer a alguien, o para hacer que alguien me quiera o me respete más. No busco aprobación. No puedes satisfacer a todos en todo momento. Y la única persona a la que culpar si todo se desmorona, soy yo”
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